Toxina botulínica: recomendaciones para su aplicación y posibles contraindicaciones

Consideraciones del Dr. Manuel Antonio Rubio Sánchez, director de CIME en España, para un tratamiento efectivo con el tipo A  de la toxina botulínica

 

María Gabriela Fernández B.

Obtener un rostro rejuvenecido que no delate el paso del tiempo, o prevenir la aparición de arrugas y líneas de expresión demasiado marcadas, son algunas de las búsquedas más comunes entre los pacientes de todos los géneros que se acercan a consultas de medicina estética facial. El doctor Manuel Antonio Rubio Sánchez, director de la Clínica Internacional de Medicina Estética (CIME) de Barcelona, en España, es especialista en rejuvenecimiento facial y cirugía estética, y asegura que, dada su amplia experiencia en la temática, los tratamientos con toxina botulínica son seguros y efectivos, y que son solicitados por 90% de sus pacientes para el tratamiento exitoso de las arrugas de expresión del rostro, especialmente en el tercio superior.

Rubio Sánchez, quien es director del curso “Tratamiento estético con toxina botulínica”, disponible por primera vez en Latinoamérica a través de Océano Medicina -y con  certificación de Formación Alcalá y la Universidad Europea Miguel de Cervantes-, ofrece en esta entrevista detalles sobre el tratamiento estético cada vez más solicitado por los pacientes.

– ¿Cómo la toxina botulínica, que fue desarrollada a partir de un veneno, pasó a ser una alternativa tan exitosa en los tratamientos estéticos?

– La toxina botulínica actualmente es un medicamento elaborado a nivel de laboratorio. La primera aplicación clínica de la infiltración local de toxina botulínica se realizó en 1977 como tratamiento corrector del estrabismo, una patología oftalmológica; desde entonces, su uso se ha extendido por otras especialidades médicas como: neurología, ginecología, dermatología, cirugía plástica y medicina estética. En este sentido, existen varios tipos, pero las utilizadas en medicina son dos tipos: la A, que es la utilizada con fines médicos estéticos; y la B, que tiene un uso hospitalario para tratamientos de inmunología neurología, medicina física y rehabilitación, entre otras especialidades.

Como muchos medicamentos, esta toxina comenzó a ser pensada con otros fines, hasta que se observó que relajaba las arrugas alrededor de los ojos, y así empezó a ser aplicada para rejuvenecimiento facial, sobre todo en el tercio superior del rostro. Además, se utiliza también como tratamiento de ciertos tipos de migraña, o para corregir sonrisas (gingivales) en las que se ven mucho las encías y se quiere hacer que el labio descienda. El efecto también ha sido positivo en pacientes que al dormir hacen mucha presión en los dientes (bruxismo) y entonces se aplica el botox para corregirlo y evitar el dolor. Y, finalmente, es sobretodo, común como parte del tratamiento contra la sudoración excesiva (hiperhidrosis). Los usos de esta toxina han ido cambiando para ajustarse cada vez más a las necesidades de los pacientes.

 – ¿Todas las personas pueden recibir este tratamiento estético si lo desean o hay alguna restricción?

– Lo recomendable es a partir de los 25 años en adelante y sin pasar de los 65 o 70 años. Hay pacientes de 25 o 28 que lo hacen con un fin preventivo, porque al hablar gesticulan mucho y se pueden marcar unas líneas de expresión. Luego, como todo en la medicina, esta toxina no es para todo el mundo: se tiene que hacer una historia clínica y verificar, por ejemplo, si el paciente presenta alergias a medicamentos o a alimentos, porque dentro de la constitución de la toxina hay proteínas que inhiben la comunicación a nivel neurológico. Pacientes alérgicos a la clara de huevo están contraindicados porque ambos comparten parte de una proteína. También está contraindicado para embarazadas y/o en período de lactancia, y debe evaluarse muy bien en personas que reciben otras medicaciones y en aquellos que tienen alguna enfermedad de base.

– En su experiencia ¿cuál es la forma más novedosa o segura de aplicar esta toxina en un tratamiento estético?

-La técnica de aplicación ha ido mejorando con el pasar de los años. Siempre se tiene que aplicar con una aguja muy fina, como las de insulina. Además, se ha descubierto que siempre la toxina tiene un efecto expansivo al aplicarla como de diana de tiro al blanco; es decir, la aplicas en un punto y tiene efecto alrededor. Cuando se conoce eso, te das cuenta de que no tienes que hacer tantos pinchazos en la zona a tratar. En la frente, para disminuir las arrugas, simplemente basta con poner en cuatro o cinco puntos específicos el medicamento y logras el resultado deseado sin incomodar demasiado al paciente. Es un procedimiento ambulatorio y de poca duración: unos quince minutos.

En todo caso, es necesario que el médico que realiza el procedimiento tenga bastante clara la anatomía del paciente para escoger adecuadamente estos puntos estratégicos. Mi metodología es que es mejor ser conservadores: menos siempre es más. Generalmente, prefiero aplicar 80% del fármaco primero y luego agendar otro encuentro para aplicar el 20% restante, únicamente en los lugares en los que haya podido faltar un poco.

– ¿Cuáles son las solicitudes más frecuentes de los pacientes que se practican este tratamiento estético?

– Entre los pacientes de mi consulta, 90% viene por rejuvenecimiento facial, tanto de arrugas estáticas como dinámicas, sobre todo en la frente, entrecejo (muy común en aquellas personas que tienen problemas de vista) o las llamadas “patas de gallo”. Últimamente, también hay más casos de personas que quieren atenuar las líneas que se les marcan en la nariz al sonreír, son zonas que se pueden corregir con pequeñas dosis en una sola sesión. Sucede que a nivel del tratamiento antienvejecimiento, aquella línea que se deja mucho tiempo pasa de ser una arruga a casi una cicatriz, porque en un punto ya habrá profundizado todas las capas de la piel y formado una pequeña fibrosis. En casos así, la mejoría no va a ser la misma que con arrugas más superficiales, y eso hay que advertírselo al paciente. Al igual que hacerles saber que los resultados no se ven de inmediato al pararse de la camilla, sino que el medicamento se va activando con los días.

-A nivel de las edades, lo que más tenemos son pacientes entre 30 y 55 años. Diría que solo 10% corresponde a personas mayores o menores de esa edad. También lo entendemos porque por lo general los pacientes de este tipo de tratamiento son personas adultas con una situación económica estable que les permite hacerse esta técnica que puede ser un poco costosa.

– ¿Durante cuánto tiempo se mantienen visibles los resultados?

– El tiempo de duración normalmente varía entre seis u ocho meses, y trascurrido ese período ya podría volverse a realizar el tratamiento. Hay pacientes a los que los efectos les duran diez meses y otros cinco, depende del metabolismo de cada uno. Sobre la función química, es importante aclarar que hay un mal concepto extendido sobre la toxina. Hay quienes dicen que este medicamento paraliza el músculo y no es así, sino que lo relaja porque interrumpe temporalmente la comunicación, como un efecto de llave y de cerradura, que se revierte en un lapso de tiempo.

-¿Cuáles son los principales riesgos que pueden presentarse durante o después de este tratamiento estético?

-Si la toxina es aplicada en la zona indicada, no hay ningún tipo de problema. El tema puede venir cuando alguien (generalmente no calificado) lo aplica en una zona que no es la indicada. Un botox mal aplicado en la zona del tercio superior de la cara (frente, entrecejo y patas de gallo) puede ocasionar asimetrías faciales o  ptosis palpebral (caída del párpado), si no se tiene el cuidado o reconocimiento claro de la anatomía del paciente. Todo esto se puede revertir; la ventaja es que cuando se trabaja con la toxina botulínica de tipo A, su efecto tiene un tiempo de duración y hay una medicación que la revierte. En el caso del párpado, hay un colirio indicado. Otro ejemplo, es que mal aplicado en la parte superior del labio, puede generar una asimetría si relajas más de un lado que del otro, por eso es muy importante que se conozca bien la anatomía del paciente antes de aplicar el fármaco.

Como efectos secundarios, la toxina puede generar cefalea después de su aplicación, o náuseas. Lo que tiene que saber el médico es reconocer todas las complicaciones temporales o efectos que podría generar para informar al paciente. Realmente, más allá de algún tipo de asimetría en un lugar particular (y que se puede revertir) estamos hablando de un medicamento que difícilmente genere efectos no deseados de gravedad.

– ¿Qué recomendación deben seguir los pacientes después de recibir el tratamiento?

– El cuidado en las cuatro horas después de aplicarle el medicamento es muy importante. Al aplicarlo, la densidad del medicamento es líquida porque se mezcla con solución fisiológica, y cuando se coloca en ciertos puntos queremos que haya un efecto solo en esa área. Por eso, la principal indicación que hago a los pacientes es no tocar la zona por las siguientes cuatro horas: no casco de motos, no sombreros, no diademas. Para que se tenga el control y cuidado de que la toxina haga su efecto en el lugar indicado y evitar que se expanda a otros lugares generando posibles efectos no deseados.

-¿Cómo actuar en caso de un accidente con toxina botulítica?

– Mi argumento principal ante esto es que la atención en salud se basa en la confianza. Por eso, incluso ante una crisis, el médico tiene que trasmitirle confianza y seguridad a su paciente. Aunque vea una situación frente a la que sea difícil reaccionar, debe poder manejar la decisión de si está capacitado para atenderlo de la mejor manera y, si es así, hacerlo; y, si no, referirlo a otro especialista de inmediato.

-¿Cómo concibe usted la relación entre estética y salud?

– Estamos viviendo un boom totalmente distinto en el enfoque de salud comparado con hace veinte años. Los estilos de vida y la información que llega a los pacientes y a los profesionales de la salud han hecho que la mirada sea más global, y que la gente no solo quiera sentirse bien, sino también verse bien y escucharlo. Cada vez más personas desean tener un envejecimiento de calidad, cuidarse y verse tan bien como se sienten. Por otro lado, la tendencia es que la gente quiere entrar menos al quirófano, por lo que cada vez hay más tratamientos estéticos ambulatorios como este, que es mejor en todos los sentidos, porque el paciente tiene mejor predisposición y a la vez se reducen los costos.

doctores

Dr. Manuel Rubio

Médico cirujano, especialista en medicina estética

Médico cirujano por la Universidad de San Martín de Porres. Lima, Perú.

Director de la Clínica Internacional de Medicina Estética (CIME), en Barcelona, España.

Postgrado en Bases Clínicas en Medicina y Cirugía Cosmética en la Universitat Autònoma de Barcelona

Postgrado en Medicina del Enjevecimiento de la Universitat Autònoma de Barcelona

Máster en Medicina Cosmética y del Envecimiento de la Universitat Autònoma de Barcelona

Máster en Dirección y Administración de Empresas (MBA) de EAE Business School en colaboración con IL3-Instituto de Formación Continua de la Universitat Autònoma de Barcelona

Curso Experto en Ginecología Estética y Cirugía Genital Cosmética de la Mujer. Universitat Autònoma de Barcelona

Docente del curso online “Tratamiento estético con toxina botulínica”  de Océano Medicina

 

 

 

 

 

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